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El espectáculo de la desigualdad: Por qué el tenis NO es feminista... y la lucha debe seguir Sin Culillo

La discusión sobre la igualdad de género, especialmente en lo que respecta a la remuneración diferenciada en el mundo del trabajo, es una de las luchas políticas más intensas hoy en día. El feminismo busca llevar a la práctica la igualdad de género, y lograr que las mujeres recibamos la misma remuneración que los hombres por el mismo tipo de labores es un objetivo fundamental.

Imagen de wix, mujer tenista
Imagen de wix, mujer tenista

Mucha gente se sorprendería de que persisten enormes diferencias salariales. Pero si queremos ver cómo esta desigualdad se representa y se reproduce, solo tenemos que mirar el mundo del entretenimiento, específicamente el deporte asociado, un negocio bastante lucrativo.


La gran mentira del deporte asociado


El deporte asociado (federaciones, ligas, y espectáculos televisados) es un espacio que genera inmensas pasiones. Sin embargo, también es un lugar donde existen unas brechas de género impresionantes. En la gran mayoría de las industrias deportivas, la remuneración de las mujeres es significativamente menor que la de los hombres. Además, la práctica y remuneración deportiva de personas que no se identifican ni como hombres ni como mujeres ni siquiera se contempla en estas federaciones, siendo este un tema sensible del que no se habla.


El deporte, cuando se practica a nivel profesional, es un trabajo. Sin embargo, se demerita el esfuerzo que hacemos las mujeres por llevar un buen espectáculo y practicar a ese nivel.


El tenis: una conquista, no un Regalo


Hasta donde se tiene registro, solo existe un deporte en el mundo asociado donde la federación no impone diferencias de remuneración por género: el tenis.


Pero esta paridad no cayó del cielo. Es una conquista política que se remonta a la década de 1970. La tenista Billy Jean King, una gran referente del tenis femenino, fue el baluarte de un intenso activismo político que exigió la paridad en los premios y pagos. Fue tal la fuerza de esta lucha que se logró modificar los estatutos de la Asociación Mundial de Tenis Asociado (ATP). Desde que se conquistó esta paridad, esta se ha mantenido estable por casi 50 años; por ejemplo, la ganadora del US Open recibe la misma remuneración que el ganador.


A pesar de que esta regla quedó estatutariamente regida y no la han podido cambiar, la paridad en el tenis sigue siendo un punto de discusión. Esto demuestra que la igualdad genera escozor político.


El año pasado, esta polémica fue reavivada cuando el extenista ruso Nicolay Davidenko declaró que es injusto que las mujeres ganen lo mismo que los hombres. Su argumento es que los tenistas masculinos "trabajan tres veces más" en los Grand Slams. ¿A qué se refiere? A que los hombres deben ganar tres sets de cinco posibles, mientras que las mujeres solo deben ganar dos sets de tres posibles, lo que, por lo general, resulta en partidos masculinos más largos.


Pero, sin culillo, este argumento ignora cómo se financia el espectáculo. Los eventos deportivos se sostienen con patrocinios, publicidad y venta de boletería. Si una empresa patrocina el tenis femenino, ya sabe que los partidos duran menos, pero aun así les interesa llegar a una audiencia femenina. El interés de los patrocinadores ya está legítimamente pagado sobre el tiempo de duración de un evento. De hecho, para muchas audiencias (incluida la narradora), ver un partido de tenis femenino es igual de interesante que uno masculino, o incluso más por un sentido de identificación.

La duración de un partido no puede ser la excusa para justificar una desigualdad sistémica.


La lucha pendiente


La discusión sobre la remuneración de género genera "escozor" independientemente de la industria. El verdadero problema no es el tenis, donde parece improbable que la ATP revierta la paridad, sino aquellos otros deportes y labores donde sí funciona la brecha de género.


En deportes que generan grandes audiencias —como el fútbol, el béisbol o el ciclismo— se le paga decididamente menos a las deportistas que a los deportistas.


El activismo de Billy Jean King nos enseñó que la única forma de conseguir la igualdad es modificar estatutos y desafiar al sistema. La persistencia de las brechas en otros deportes demuestra que la lucha política por la paridad de remuneración sigue siendo crucial.


No podemos quedarnos tranquilas con una excepción. Hay que seguir señalando y combatiendo las estructuras que demeritan el esfuerzo femenino. A estas alturas, negarle la misma remuneración a las mujeres es simplemente pagarles decididamente menos por el mismo trabajo profesional.


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