El Negocio de Slim y la Gentrificación: ¿A Quién Sirve el Desarrollo Urbano en CDMX y Bogotá?
- sinculillo
- 10 nov
- 3 Min. de lectura
Desde Sin Culillo, sostenemos que la educación política popular es fundamental para entender cómo el poder —y los intereses económicos de unos pocos— moldea nuestras ciudades y afecta la vida cotidiana. Hoy, ponemos la lupa en una conexión crucial entre Ciudad de México (CDMX) y Bogotá, analizando cómo los procesos de gentrificación en Latinoamérica benefician a los grandes conglomerados empresariales y transforman dramáticamente el tejido social y urbano.

Lo que hemos documentado sobre la transformación de Nuevo Polanco en CDMX es un caso de estudio impactante sobre las tensiones entre las políticas de ordenamiento territorial y los intereses privados, un debate micropolítico que tiene implicaciones directas en nuestra vivienda, nuestro barrio y nuestra tranquilidad.
Nuevo Polanco: la conquista del suelo y la expulsión silenciosa
Nuevo Polanco se ha convertido en una de las áreas de la CDMX donde hoy se pagan las rentas de suelo más costosas. Esta zona, que apenas 24 años atrás (hacia 2001) estaba compuesta por barrios de casas de ingresos medios y populares, experimentó una transformación drástica, dando paso a desarrollos inmobiliarios de edificios en altura y viviendas de altos ingresos.
Detrás de esta reconfiguración urbana y de un fuerte proceso de gentrificación y segregación socioespacial, se encuentra el Grupo Carso, un conglomerado empresarial mexicano fundado por Carlos Slim. Desde 1986, el Grupo Carso ha realizado recurrentes intervenciones urbanas y megaproyectos inmobiliarios en la zona metropolitana de CDMX.
El detonante de este cambio fue la inversión estratégica en equipamientos privados como Plaza Carso (un centro comercial) y el Museo Sumaya. A través de lo que se denomina un "proyecto detonante," se eleva intencionalmente el precio del suelo, permitiendo la extracción de plusvalías urbanas y la conversión del uso del suelo.
La gentrificación, como proceso, es la expulsión de habitantes debido a esta conversión del suelo y al aumento exorbitante de los precios, rompiendo los vínculos sociales de las personas que allí habitaban. Incluso el nombre, "Nuevo Polanco," fue una estrategia intencional de los desarrolladores para adjuntar prestigio al área, uniéndola simbólicamente a la colonia contigua de Polanco y promocionándola como una zona mejorada, moderna y actual.
El contraste brutal: perder el sol en "cerrada Andrómaco"
En medio de lo que coloquialmente ha sido llamada "Ciudad Slim," persiste una pequeña franja de viviendas populares: Cerrada Andrómaco. Los habitantes originales de este callejón, que no fueron expulsados, sufren un contraste brutal: han quedado atrapados entre los enormes muros de hormigón y cristal de las torres de altos ingresos.
El dolor es tangible. Vecinos que han perdido el sol de las mañanas y las tardes, y viven con el ruido constante de las construcciones y el deterioro de su calidad de vida, enfrentando problemas de tráfico y escasez de agua. La segregación se evidencia en la discriminación, pues los nuevos vecinos de altos ingresos se quejan de escuchar el canto de los gallos que persisten en Andrómaco, evidenciando una tensión en la coexistencia de clases. Un residente resume la situación: "Quieren tomar decisiones sin tomarnos en cuenta".
La transformación de costos es tan agresiva que incluso figuras públicas como Luisito Comunica, con millones de suscriptores, han señalado la escalada de precios, revelando que las rentas semanales en la zona pueden alcanzar los 2,500 dólares, haciendo que la vida allí sea insostenible incluso para quienes tienen ingresos altos.
La alerta para Bogotá: replicando el modelo detonante
Si Carlos Slim, a través del Grupo Carso (que también es dueño de Telmex y Claro), invirtió aproximadamente 800 millones de dólares en el desarrollo faraónico de Nuevo Polanco, ¿qué implicaciones tiene su interés en otras ciudades latinoamericanas?
En Bogotá, el Grupo Carso (a través de Claro) está promoviendo el desarrollo del sector Vive Claro Distrito Cultural, un proyecto detonante adyacente a zonas de estrato medio como Salitre el Greco y La Esmeralda. El riesgo que vemos en Sin Culillo es claro: replicar el modelo de CDMX.
El proyecto bogotano (que incluye un escenario de espectáculos) podría buscar forzar la venta de viviendas en los barrios adyacentes para desarrollar construcciones en altura de alto costo, hoteles o rentas de corto plazo (Airbnb). Esto generaría la misma tensión de poder y configuración urbana que desató la gentrificación en Nuevo Polanco.
Este análisis riguroso, basado en la tensión entre las políticas públicas y la agencia privada, nos obliga a cuestionar: ¿Este es el modelo de desarrollo que queremos para nuestras ciudades, donde se pierde el sol y se expulsa a la población por la ambición de unos pocos?
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